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Tipos de efectos mágicos y creación desde las emociones

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Elegir un juego por su método o por lo llamativo de sus materiales no siempre aclara qué va a experimentar el público. Borja Montón propone empezar por la naturaleza del efecto y por la emoción que quieres transmitir. La clase combina una clasificación de fenómenos mágicos con ejercicios de ideación para dar un sentido personal a la presentación.

Reconocer qué efecto estás produciendo

El recorrido presenta diecisiete categorías, algunas muy próximas entre sí. Se estudian sus diferencias a partir de lo que parece suceder ante el espectador:

  • Aparición y desaparición: algo que no estaba se hace presente, o un objeto deja de estar donde se encontraba.
  • Transformación: cambia la identidad, el aspecto o una propiedad del objeto.
  • Transportación y transposición: un objeto viaja a otro lugar, o dos objetos intercambian sus posiciones.
  • Restauración: algo que se ha roto o dañado recupera su estado.
  • Levitación y suspensión: se comparan la impresión de flotar y la de mantener una posición imposible con un punto de apoyo.
  • Penetración y multiplicación: un sólido parece atravesar otro, o aparecen más ejemplares de un objeto.
  • Predicción y telepatía: se distinguen anticipar un acontecimiento y conocer un pensamiento.
  • Simpatía: lo que ocurre en un objeto se reproduce en otro.
  • Animación o telequinesia: un objeto parece cobrar vida o moverse sin una causa visible.
  • Invulnerabilidad, clarividencia y escapismo: completan el panorama que utiliza el docente para comparar experiencias escénicas y disciplinas relacionadas.

La clasificación funciona como herramienta de trabajo, no como obligación de incluir todas las categorías en un espectáculo. Algunas se solapan y permiten discutir qué interpreta realmente el público.

Afinar la claridad y dar variedad al repertorio

Un mismo procedimiento puede producir impresiones diferentes según cómo se presente. Con el ejemplo de una carta que aparece dentro de una naranja, Borja analiza qué hace que el público reconozca un viaje del mismo objeto, en lugar de percibir únicamente una aparición.

La restauración permite plantear otra pregunta: cuánto tiempo se dedica a romper y cuánto a mostrar que algo se recompone. El análisis propone dar atención al momento imposible, en vez de dejarlo como un desenlace apresurado después de una preparación larga.

También se comentan las exigencias prácticas de levitaciones y suspensiones, la claridad de las predicciones y el riesgo de repetir demasiadas veces una misma experiencia. Son criterios del docente para revisar el repertorio según el público, el contexto y la presentación; no se ofrecen reglas universales sobre la duración o el número de efectos.

Los aros chinos, las botellas multiplicadoras, las cartas simpáticas, el pañuelo bailarín y otros números sirven como ejemplos de categorías. Se describe qué efecto producen, sin enseñar aquí sus métodos ni sus secuencias completas. Las referencias a escapes o a aparentes pruebas de invulnerabilidad tampoco son instrucciones para realizarlos.

Crear desde una emoción

Después de reconocer los efectos disponibles, Borja explica cómo parte de lo que quiere hacer sentir. Como guía de exploración utiliza alegría, sorpresa, miedo, ira, asco y tristeza, y propone ampliar ese vocabulario con matices como euforia, frustración, vulnerabilidad o melancolía.

La rueda de las emociones se menciona como recurso externo para encontrar asociaciones. No se presenta una única emoción como requisito de todo el número: una escena puede atravesar varios estados y el efecto mágico puede marcar el cambio entre ellos.

Se desarrolla una idea de presentación en la que una fotografía provoca enfado, su rotura conduce a la tristeza y la restauración permite llegar a la alegría. Es un ejemplo de construcción dramática, no la explicación técnica de cómo restaurar una fotografía. También se relacionan la nostalgia y los vínculos personales con un hilo roto y recompuesto, y se comenta una manipulación de bolas en la que la aversión a un objeto impulsa la acción.

Trabajo para tu propio repertorio

La propuesta es anotar una emoción o un matiz que te interese, buscar qué situación personal lo despierta y explorar qué efecto puede expresarlo. Puedes empezar por una experiencia cotidiana, una relación o un recuerdo, y después pensar qué cambia cuando algo aparece, desaparece, viaja, se transforma o se restaura.

El valor del ejercicio está en pasar la idea por tu propia experiencia y por tu forma de presentarte ante el público. No se trata de reproducir las anécdotas del profesor ni de copiar el argumento de los ejemplos.

Necesitas lápiz y papel para recoger asociaciones. No se requiere material especial ni dominar una técnica concreta para seguir la reflexión; si decides convertir una idea en un número, tendrás que elegir y trabajar su método aparte. La clase ayuda a generar y seleccionar ideas de presentación, sin desarrollar una escaleta completa ni incluir guiones cerrados o materiales descargables.